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Pizarrón, borrador y tiza

El origen oculto de Carrusel, el éxito infantil de los 90

Publicada el 21/08/202411/09/2024 por Julieta Alegre

Apenas Carrusel irrumpió en la pantalla de ATC (Argentina Televisora Color) a mediados de 1991, se adueñó de ella. Un hecho para nada menor si se tiene en cuenta el estado de la televisión por aquel entonces. Desde hacía alrededor de un año Telefe era líder absoluto en audiencia con éxitos como Jugate Conmigo y El show de Xuxa. De cerca lo secundaba canal 13 con importantes producciones a la hora de la tarde. Por esa razón, que el único canal del estado sobreviviente a las privatizaciones de Menem diera batalla, resultó inédito. Pero también prometedor.

¿Qué historia contaba esta tira mexicana cuyos protagonistas eran actores infantiles desconocidos? Aunque se trataba de una producción de Televisa, la mayor productora de contenido audiovisual en español todavía hoy, tenía mucho que ver con nuestro país. Y en especial con uno de los guionistas más prolíficos y reconocidos de Latinoamérica: Abel Santa Cruz.

Elenco de Carrusel, versión de 1989-1990.
Elenco de Carrusel, versión mexicana del libro de Abel Santa Cruz. Fuente: People en Español.

Pese a que el público infantil de los años noventa no lo sabía, Carrusel era una historia conocida por la audiencia local ya que se trataba de un remake. ¿De qué telenovela original argentina había hecho una adaptación la productora mexicana? De Jacinta Pichimahuida, la maestra que no se olvida, tira de canal 9 que fue protagonizada por Evangelina Salazar en 1966 y por Silvia Mores en 1968 con enorme repercusión.

Sin embargo, el origen real de Carrusel resultaba desconocido para la mayoría. Porque, al contrario de lo que se cree aún hoy, la idea inicial de la historia de una maestra de escuela primaria y su grupo de estudiantes tuvo lugar décadas antes, a principios del siglo veinte. Y en un formato muy diferente al televisivo.

Carrusel: una versión mexicana de la infancia de Abel Santa Cruz


Cuando la primera versión para televisión de Jacinta Pichimahuida se estrenó, Abel Santa Cruz contaba ya con cierto prestigio y popularidad dentro del campo audiovisual. Algo que no pudieron cambiar sus altibajos ni pasos en falso. Aunque alternó éxitos como Andrea Celeste y Papá corazón con fracasos olvidables como Socorro turno tarde —una reversión del polémico programa Socorro quinto año de 1990—, nunca perdió la consideración de los productores ni de la teleaudiencia. 

La historia de la maestra más adorada de la TV argentina le significó al autor un gran acierto en su carrera. Por esa razón, a nadie sorprendió que una fórmula exitosa de los años sesenta fuera repetida a lo largo de sucesivas décadas, y no sólo en el país sino también en el extranjero. Casi como un mantra.

Así los años setenta fueron el escenario de una segunda versión, en este caso protagonizada por María de los Ángeles Medrano, tanto en televisión como en cine. Luego, entre 1982 y 1985, Cristina Lemercier ingresaría a escena para calzarse el traje de Jacinta y conquistar así una nueva generación de niños y niñas. Un público infantil en un contexto de plena transición democrática haría de Señorita maestra —tal el nombre de esta tercera remake— un suceso arrollador capaz de competir con ficciones tan populares como Pelito de canal 13.

Presentación de Señorita maestra, tercera versión televisiva argentina. Fuente: La tele del recuerdo.

Carrusel terminaría siendo, en 1989 y 1990, la cuarta versión televisiva y la primera mexicana. Pero no sería el final. Después de este suceso en Latinoamérica —la tira recorrió prácticamente todos los países de habla hispana—, Televisa reversionaría la historia dos veces más. En 1992 puso en pantalla Carrusel de las Américas como parte de un proyecto conmemorativo de los quinientos años de la llegada de lxs europexs a América y, en 2002, Vivan los niños, una remake que se destacó por conjugar la trama realista original con elementos fantásticos. Finalmente, una versión televisiva más moderna sería producida por la cadena brasileña SBT durante 2012 y 2013 y una película llamada Campamento Carrusel vería la luz en 2015.

Pero mucho antes de las versiones para la TV y el cine, Jacinta también fue la protagonista de otros formatos:

  • De una versión radial de 1943.
  • Del libro Cuentos de Jacinta Pichimahuida de 1967, una recopilación de relatos publicados por Santa Cruz en la revista argentina Patoruzú durante los años cuarenta. Cuentos que fueron escrito en primera persona desde el punto de vista de un estudiante que, siendo ya adulto, recupera de su memoria sus experiencias infantiles.
Trailer de Campamento Carrusel, película brasileña de 2015. Fuente: Tu Cine y Series.

¿Cuál fue la semilla de una narrativa que pudo trascender el paso del tiempo, las características de cada formato y las fronteras geográficas? Porque aunque Santa Cruz escribió numerosos guiones que, a su vez, tuvieron varias versiones, esta historia se ha reproducido como ninguna otra de su autoría.

¿En dónde radica su capacidad para adaptarse a diferentes épocas y no defraudar a los productores y a la audiencia? Es difícil saberlo, pero un detalle de la idea inicial puede dar algunas señales: los personajes y las situaciones narradas en la ficción infantil estuvieron basadas en los recuerdos de infancia de Abel Santa Cruz. Incluso la querida maestra de primaria llamada Jacinta.

El carácter moralizador de un éxito que no tiene fronteras


Se trató, claro está, de una narrativa que atravesó la carrera del autor por completo. Incluso hasta sus últimos años, cuando aceptó asesorar la producción de Carrusel a fines de los años ochenta. Pero también su vida entera. Porque gran parte de lo que cuenta esta historia —o casi todo— ocurrió en el orden de lo real en Argentina durante los años veinte del siglo pasado. No es un dato menor. Podría ser, quizá, que su raíz en la realidad haya sido crucial para conquistar su audiencia.

El diálogo discursivo entre las numerosas versiones permite reconocer que no hay permanencia absoluta en el relato pese a esto. Todo lo contrario: la trama original, conforme fue pasando el tiempo, sufrió modificaciones. Por un lado, debido a los cambios de época. Por el otro, según el gusto o conveniencia de cada producción.

En Carrusel de las Américas, por ejemplo, se incorporan computadoras a las aulas, lo que refleja los avances tecnológicos del momento. En el caso de Carrusel se da un fenómeno discursivo peculiar: condensación de personajes. ¿Qué significa esto? Que algunos de los estudiantes pasan a representar en la trama las acciones o roles que realizaban dos o tres personajes en remakes anteriores.

Pero lo cierto es que, más allá de estos cambios menores, la premisa, en todos los casos, resulta ser la misma. La idea de Abel Santa Cruz no es otra que mostrar un contenido moralizante dirigido en especial a la infancia, a través de la puesta en juego de costumbres anticuadas y prejuicios desmoralizantes, aún para la sociedad argentina de mediados de siglo veinte. Las versiones que le siguieron a la primera, no modificaron ni un poco esto. Es más, ni siquiera lo intentaron.

Errores del elenco infantil ocurridos durante la grabación de Carrusel. Fuente: T1TV5.

¿Por qué es posible catalogar a este clásico de conservador? Por varios rasgos que expone la narrativa, pero sobre todo por lo que concierne a sus personajes infantiles. Basta mirar sólo un capítulo para reconocerlos como planos, con muy pocos matices y estereotipados al extremo. En el mismo sentido, el autor abusa del maniqueísmo y traduce todo lo que ocurre en términos de bueno o malo. Algo, por otra parte, muy propio del género telenovelesco, es cierto. Y lógico de esperar.

Sin embargo, en una ficción para las infancias, la decisión de construir un relato con vaivenes tan marcados y excluyentes puede ocasionar un mayor prejuicio que un producto para adultos con las mismas característica. ¿La razón? Queda claro: el poder de este tipo de contenido radica en la responsabilidad que tiene sobre su audiencia, un público cuya personalidad aún no ha llegado a constituirse. Ni siquiera se encuentra a medio camino.

Lo peor de todo es que Santa Cruz utiliza a su protagonista y a uno de los personajes adultos más queridos por los estudiantes, el portero Fermín, para bajar una línea moralizante, con lo cual obtura cualquier punto de fuga posible. Son voces que lo dominan todo en este universo. Con esta estrategia discursiva, no deja lugar a dudas y expone lo que debe o no hacer un o una escolar para continuar por la «buena senda». Asunto cerrado.

Elenco de la primera versión televisiva del libro de Abel Santa Cruz.
Elenco de la primera versión televisiva del libro de Abel Santa Cruz. Fuente: Univisión.

Así, Jimena —o Jacinta en las versiones argentinas—, con un puritanismo desagradable, le exige a las niñas que sean prudentes y nada vanidosas. Y, en paralelo, Fermín —o Efraín— les señala a esas mismas niñas que la mujer —según su parecer, claro— debe estar en la casa y no en la universidad, estudiando. Ideas totalmente anacrónicas, incluso para los años ochenta y noventa. Ni hablar para luego del 2000.

Si bien la construcción de personajes contrapuestos son utilizados con ese fin moralizador, por momentos el recurso se agota. O peor: termina por tergiversar las ideas que el autor parece querer dejar en claro. Cuando, por ejemplo, María Joaquina —o Etelvina—, una niña de cabello y piel clarísimos, ataca a Cirilo por nimiedades que parecieran ocultar cierto racismo, Santa Cruz no hace más que poner de manifiesto la desaprobación de dicha conducta. Pero, lamentablemente, todo parece quedar en la superficie. Se trata, al final, de un conflicto que se repite sin mayores explicaciones y que termina por diluirse.

Aún así, con todas las críticas posibles y merecidas, algo queda claro. La clave de la vigencia de Jacinta Pichimahuida durante más de cincuenta años —se encuentra en preparación un documental sobre Carrusel, por ejemplo— parece relacionarse con algo menos racional como la nostalgia. Con lo que le genera al público infantil una historia realista —aún con sus elementos edulcorados— y cercana en cuanto a sentimientos y emociones. Ni que hablar a los que tienen un poco más de años y logran conectar de nuevo con esa etapa de la vida a través de una tira. Finalmente —he aquí el secreto de Abel Santa Cruz, quizá— todxs parecemos añorar un poco lo que vivimos en la infancia. O demasiado.

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Esta obra está licenciada bajo CC BY-NC-SA 4.0

Autores: Julieta Alegre y Nicolás Esquivel

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