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Seinfeld o la serie sobre nada que refleja todo de los 90

Publicada el 06/07/202412/08/2024 por Julieta Alegre

Si existe un programa de televisión a nivel mundial al que le sobran méritos para mantener vigencia, es Seinfeld. Y no sólo por reconocimientos conseguidos con el tiempo, como sucede con algunas producciones audiovisuales que se vuelven de culto luego de la indiferencia del público. Por el contrario, esta sitcom fue un éxito total desde el inicio y, aunque pasaron varias décadas, nunca perdió su valor ante la audiencia y la crítica. 

La serie de David Larry y Jerry Seinfeld, que se transmitió por la NBC desde 1989 hasta 1998, se ha posicionado como una de las mejores en revistas como Rolling Stones y TV Guide  —ésta la calificó como el mejor programa de televisión de todos los tiempos en 2002—. La cadena de TV Entertainment Television llegó a considerarla “la razón número uno por la que los años 90 fueron los mejores”. Nada mal para un simple producto televisivo.

Jerry Seinfeld y Larry David durante la grabación de Seinfeld.
Jerry Seinfeld y Larry David durante la grabación de Seinfeld. Fuente: Rolling Stone.

Mientras estuvo al aire, Seinfeld obtuvo un premio Emmy y un Globo de Oro, entre tantos otros premios. En parelelo, las situaciones y frases de sus personajes penetraron en la cultura popular y fueron repetidas por miles de personas. No por nada, en su último capítulo, logró que setenta y seis millones de espectadores se sentaran frente a sus televisores para ver el desenlace de una historia que reflejó una época.

¿Qué tuvo de diferente con otras comedias de situación para lograr todo esto? ¿Por qué logró aceptación en los noventa pero también en la actualidad, cuando los cambios culturales provocan nuevas miradas sobre las producciones del pasado, y muchas suelen ser despiadadas? Quizá la clave tenga que ver con cómo cuenta la historia de cuatro neoyorkinxs solterxs, más que con la trama en sí misma.

Las sitcoms antes de Seinfeld


La sitcom es un género televisivo muy explorado en Estados Unidos. Surgió allí en los años cincuenta cuando salió al aire I Love Lucy, pero sus raíces pueden encontrarse en dos medios diferentes al televisivo: la radio y el cine.

A partir de aquella primera serie de la CBS, fueron muchas las que invadieron la TV norteamericana. Con el tiempo, otros países intentaron seguir el mismo camino —incluso Argentina, a través de remakes como La niñera y ¿Quién es el jefe?, pero sin el mismo éxito de los originales—. De hecho, la sitcom ha sido también relevante en Reino Unido, lugar en el cual se la define, según el guionista Natxo López, como:

“Comedia en serie de televisión que presenta el mismo conjunto de personajes en cada episodio, en situaciones divertidas que son similares a las de la vida cotidiana”.

Sin embargo, en ningún lugar logró calar tan profundo como en la industria televisiva estadounidense. Gracias a ello, ésta consiguió recaudar, a lo largo del tiempo, cifras exorbitantes por la producción de series que llegaron a durar hasta diez temporadas. Un fenómeno que ocurre hasta hoy, es cierto, pero que alcanzó su máximo esplendor en los años noventa, con Los Simpsons y Frasier, por ejemplo.

¿Qué caracteriza a este género? Por empezar, es un producto seriado, con episodios que duran alrededor de veinticinco minutos. Por lo general, cuenta con pocos personajes y la acción se desarrolla en los mismos escenarios. Sus capítulos —que son autoconclusivos— suelen incorporar risas grabadas o en directo, recurso que busca guiar al espectador. Esto resulta posible porque se graba en decorados la mayor parte del tiempo.  

Jerry, Jason Alexander, Julia Louis-Dreyfus y Michael Richards, protagonistas de la sitcom.
Jerry, Jason Alexander, Julia Louis-Dreyfus y Michael Richards, protagonistas de las diez temporadas. Fuente: Ámbito.

La sitcom arranca risas. Es indudable. Pero no por ello constituye sólo un devenir de gags y sketches sin sentido. Por el contrario, necesita de una estructura dramática sólida que esté fundamentada en los conflictos producidos entre los personajes y las situaciones que generan. Nada más ni nada menos. Así, a través de situaciones de la vida moderna, ha logrado lo que casi ningún otro género televisivo: reflejar la vida cotidiana de una manera cómica.

Cuando Seinfeld irrumpió en el medio, por julio de 1989, las comedias de situación buscaban transmitir valores familiares y de amistad. Sólo Casados con hijos y Los Simpsons, un tiempo antes, habían desafiado esta premisa implícita para mostrar familias disfuncionales. Pero ninguna otra lo hizo, hasta la llegada de la serie de Larry y Jerry. He aquí su primer punto diferenciador con el resto: su burla al statu quo del momento.

Por otro lado, las sitcoms previas solían estar ambientadas en dos espacios:

  • En el entorno familiar, como Lazos familiares y Alf.
  • En un marco laboral, como ocurre en Cheers.

Por este motivo, la idea de enfocar la acción en las aventuras —o desventuras, en este caso— de un grupo de amigxs, resultó innovadora para entonces. No es que no aparezca alguno de lxs progenitores durante las diez temporadas que duró Seinfeld, pero sí que sólo lo hacen de manera esporádica y sin ser parte de la centralidad de la historia.

Por el contrario, quienes participan más de la trama exhiben la misma condición de las figuras centrales: son amigxs o conocidxs, ex compañerxs, ex novixs o vecinxs de la gran ciudad de Nueva York de la época. Esto significa que esta sitcom pone el foco en las relaciones sociales. No es casualidad que el lugar en el cual confluyen los personajes, es el departamento de Jerry o, en su defecto, el bar en el que suelen juntarse. Hoy numerosas series tienen el mismo eje —The big bang theory, Cómo conocí a tu madre y Friends, por ejemplo—, pero a fines de los ochenta eso no era lo convencional ni lo esperado.

Escena de Cheers, sitcom transmitida entre 1982 y 1993. Fuente: The Hollywood Reporter.

Pero no sólo esto fue lo que desencadenó que Seinfeld rompiera con los cánones del género. Para nada. En realidad, hay mucho más, sobre todo en lo que tiene que ver con la construcción de los personajes y las situaciones que se generan alrededor de lxs cuatro amigxs.

Desde el inicio, los creadores dejaron en claro que su camino era otro. La historia que buscaban contar era políticamente incorrecta para la época. Creían, además, que las víctimas que debían ser sacrificadas para mostrar los prejuicios y violencias que escondíamos todxs —en mayor o menor medida— detrás de una máscara en los años noventa, eran los cuatro personajes centrales.

¿Quiénes son éstos, en definitiva? El comediante Jerry Seinfeld —un yo ficticio, parecido en muchos aspectos al real pero que, de igual manera, no refleja del todo y siempre a la persona que se encuentra detrás del personaje— y sus amigxs:

  • El excéntrico vecino de Jerry, Cosmo Kramer.
  • George Costanza, ex compañero de la secundaria y mejor amigo del comediante, mentiroso y mediocre.
  • Elaine Benes, la impulsiva ex novia de Jerry, de la cual el protagonista termina haciéndose amigo.

No parecerá muy prometedora una serie sobre personajes como éstos, pero sus guionistas pueden asegurar lo contrario con argumentos sólidos. ¿Por qué? Demostraron durante diez años cómo, con escenas sobre acciones cotidianas y personajes miserables —queda en evidencia con todo lo dicho—, se puede construir un suceso arrollador. Y uno que no sea efímero, sino que perdure en el tiempo. ¿Será, acaso, que lo lograron porque supieron reflejar lo mejor y lo peor de los noventa como ninguna otra?

Personajes despreciables, momentos icónicos de los 90


Aunque en años no pareciera tan remota —unos treinta más o menos—, en tipo de vida y costumbres la década del noventa ha quedado muy lejos. ¿Por qué? Una de las principales razones es el acelerado avance de la ciencia y la tecnología, lo que ha generado cambios en lo cotidiano para millones de personas. También las transformaciones culturales, cada vez más influenciadas por la tecnología de la información.

Quizá por ello, Seinfeld pareciera una ventana abierta al pasado, caracterizado por las prácticas sociales y la cultura pop de aquellos años. Uno no idealizado, eso sí. Uno que permite distinguir lo positivo de lo que lo no fue tanto. Como producto comunicacional, elige el camino más efectivo: el sarcasmo. Porque sus personajes no son como los de las anteriores sitcoms, con facetas menos criticables y finales felices. Para nada. Ningunx de ellxs esconde lo que son: hombres y mujeres de la posmodernidad. Pero tal vez allí, en esa exhibición de indiviualismo y nulo interés por el bien común — como una ironía—, es donde reside la clave de todo el asunto.

¿Qué les ocurre a estos personajes durante el desarrollo de las temporadas?

  • Realizan cosas comunes, cotidianas. Dos de sus capítulos más recordados: la espera por una mesa en un restaurante y la búsqueda del auto en un estacionamiento a la salida del supermercado.
  • No sacan a relucir sus virtudes. Por el contrario, muestran su miseria en cada situación, tarde o temprano. 
  • No evolucionan ni aprenden nada en el camino.
  • No atraviesan un solo momento emotivo. Por eso, Larry David definió así a la serie: «sin abrazos, sin aprendizajes».
Jerry Seinfeld en una escena de la sitcom. Fuente. Abogados por Venezuela.

Jerry, Kramer, George y Elaine, más allá de ciertos matices que los diferencian, tienen en común que son personas crueles, egocéntricas y tramposas. ¿Apelan, como personajes, a la identificación? Pareciera que no. A nadie de su público le gustaría ser como ellxs o tener amigxs como ellxs.

Pero hay un truco que repara el rechazo que causan y evita que la audiencia se vaya aunque los odie. Lxs cuatro cometen las peores canalladas sin arrepentirse, es cierto, pero nunca, en ningún caso —quizá Jerry es el que tiene más suerte— terminan por salirse con la suya. La prueba más gráfica: el capítulo final, en el cual caen presos por burlarse de un robo callejero, luego de un juicio en el que testifican en su contra decenas de personajes que participaron de la sitcom.

El último episodio fue tan criticado por parte del público como defendido por sus creadores. Quién tiene la razón, no parece estar todo dicho. Pero una cosa es segura. No hay personajes más despreciables que nos hayan hecho reír como ellxs, tanto por sus fracasos merecidos como por su capacidad de reflejar lo peor de una generación completa al burlarse de ella. De cómo éramos. O cómo somos. De lo que no deberíamos querer ser, después de todo.

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Esta obra está licenciada bajo CC BY-NC-SA 4.0

Autores: Julieta Alegre y Nicolás Esquivel

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