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Heartstopper o la máquina de romper estereotipos de Netflix

Publicada el 06/04/202408/08/2024 por Historia para ser contadas

La autora Alicia Oseman usó su talento para crear un universo adolescente ubicado en el Reino Unido. Primero lanzó Solitario, su primera novela gráfica, en la que ya aparecían como personajes secundarios Charlie Spring y Nick Nelson. Luego publicó Heartstopper y sus secuelas, centradas todas en ambos adolescentes. Lo que ocurrió finalmente no fue una sorpresa para nadie. La popularidad de esta historia le abrió a su autora las puertas de Netflix, que transformó a Heartstopper, de cómic a un exitoso producto televisivo de streaming.

No es la primera vez que una historia con temática LGBTQ+ toma el protagonismo luego de décadas de ausencia dentro de la industria audiovisual. Es cierto. Pero, ¿qué cambios visibiliza el devenir amoroso de Charlie y Nick? ¿Qué estereotipos y prejuicios puso en evidencia de los productos que le antecedieron en la TV? ¿Por qué se alzó con el premio de ser la serie adolescente más exitosa del momento?

Kit Connor y Joe Locke en una escena de Heartstopper. Fuente: Indie Hoy.

Personajes que no fueran heterosexuales ya habían formado parte de la TV en los años ochenta. El problema consistía en que esas presencias eran esporádicas y secundarias. Por lo general, parecían destinadas a brindar solo un aspecto cómico, ridículo o colorido al programa en cuestión.  En las décadas posteriores, la cuestión cambió solo de modo parcial.

Por ello, que treinta años después la plataforma más popular del mercado tenga entre sus productos a la serie británica Heartstopper, nos demuestra cómo la lucha del colectivo LGBTIQ+ y sus logros en temas de derechos humanos empiezan a verse reflejados en los discursos hegemónicos producidos por la industria cultural.

¿Es suficiente solo con esta ficción que pone al amor adolescente entre dos varones como tema central y no ya como elemento secundario? Desde ya que no. Pero no deja de poner en evidencia el camino recorrido en términos de representación de un grupo que durante siglos ha sido injustamente invisibilizado o estigmatizado por la cultura hegemónica. Pero para comprender su importancia, es necesario hacer un poco de historia.

Disidencias y estereotipos en la historia de la TV


Prinicipio de los años noventa. Ya no se transmitía Dinastía, la soap opera norteamericana que tenia entre sus conflictos más importantes la pelea entre el magnate Blake Carrington y su hijo Steven por causa de su homosexualidad. Algunas cosas habían cambiado. El destape sexual en la TV luego de la censura de la dictadura le había cedido espacio a la decisión del medio de apostar por unitarios nacionales de calidad, con guiones disruptivos y grandes actores. 

Al final de la década, la situación ya era diferente. No fue necesario transgredir el horario de protección al menor para ver crecer el vínculo entre Tadeo y Ricky en Verano del 98, tira transmitida en el prime time. Aún cuando no se trataba de su trama principal, fue la primera vez que el medio se animó a poner en escena un amor adolescente por fuera de los modelos heteronormativos del momento al alcance de toda su audiencia.

¿Qué ocurrió en la década anterior? Los programas que tuvieron entre sus personajes a disidencias sexuales y de género, evidenciaban similitudes entre sí respecto al tratamiento que hacían sobre el tema. También sutiles diferencias. Huguito Araña en Matrimonios y algo más —de Hugo Moser—, un presentador de TV de ficción que surgió en medio de ensayos del elenco, fue el personaje que dejó huella por ser auténtico pionero.

Julián Arango como Hugo Lombardi en Yo soy Betty, la fea. Fuente: El tiempo.

  • Interpretado por Hugo Arana, era una figura estereotipada al extremo. Tenía ademanes afectados, voz aflautada, vestimenta estridente. Pero su aparición se tiñó también de irreverencia al desafiar la heteronorma. La dictadura, como era lógico, no lo toleró y de inmediato censuró el sketch. Pero Moser fue más astuto. Casó al personaje con una vedette del momento y eso bastó para que el gobierno de facto diera su visto bueno. 
  • Durante esa misma década hubo una telenovela que, si bien era venezolana, tuvo amplia repercusión a nivel nacional y que incluyó a un personaje homosexual en un rol secundario. Cristal tenía como escenario una casa de moda en la cual el diseñador, Piero, era abiertamente homosexual.  ¿Tenía algo de diferente con Huguito Araña? No solo respondía al estereotipo. También cumplía con el objetivo asignado de contribuir con el aspecto divertido de la trama. No había más a la vista para el fashionista. Su vida amorosa era inexistente, incluso en términos de deseo. Piero era gay pero nadie hablaba explícitamente sobre ello, ni siquiera él mismo.
  • Algo similar ocurrió en la telenovela Yo soy Betty, la fea, aunque muchos años después, en 2001. La participación de Hugo Lombardi, también diseñador de una empresa de moda, estaba circunscrita a hacer sonreír a la audiencia con sus maneras absurdas, sus frases icónicas y sus reacciones ridículas. Solo en lo discursivo el personaje mencionaba un interés romántico que se esfumaba detrás de otras subtramas. Mostrar una historia entre dos hombres no era parte del plan.
  • También cumplió una función cómica el vecino entrometido de Francella en La familia Benvenuto, la comedia costumbrista que entre 1991 y 1995 transmitió Telefe. Enamorado del protagonista, sufría humillaciones y burlas. Con el pasar de los programas, su escena se convirtió en la preferida de una audiencia todavía pacata y prejuiciosa. 

Fue recién en la segunda mitad de la década de los noventa cuando ciertas ficciones comenzaron a mostrar de manera realista los vínculos sexo-afectivos entre personas del mismo género y dejaron de asignarles la responsabilidad de divertir al público. No es casual que haya sucedido en esa década y no en otra. Recién en 1990 la Organización Mundial de la Salud eliminó de su lista de enfermedades psiquiátricas a la homosexualidad. Increíble pero real. 

Entre esos programas, hubo dos que destacaron por su compromiso y osadía teniendo en cuenta el contexto, incluso con sus errores y prejuicios que resultaban más difíciles de superar en esos años. Estas ficciones fueron el unitario Atreverse transmitida por Telefe y la miniserie Zona de riesgo de canal 13.

Ficciones con temática LGBTIQ+ en la TV pre streaming


¿Cuántas tramas similares a las de Atreverse en 1990 y Zona de riesgo en 1992 había proyectado con anterioridad la TV argentina? Ninguna. Y es que el contexto social y político alimentaba la invisibilización histórica que sufrían las disidencias en las representaciones de la industria cultural. Por ello fue un logro que los principales canales decidieran mostrar otras perspectivas de los personajes que utilizaban solo como entretenimiento.

El unitario de Telefe tenía frecuencia semanal y contaba con un elenco rotativo de figuras de la talla de Bárbara Mujica, Selva Aleman y Lito Cruz. En cada capítulo, Alejandro Doria —director de la película de culto Esperando a la carroza— contaba una historia diferente desde su mirada particular: rompiendo moldes y saliendo de la norma. 

¿Cuáles fueron las temáticas que abordó el ciclo? Todas las que atentaban contra el status quo. Personajes marginales y situaciones polémicas que la conservadora e hipócrita sociedad de ese entonces mantenía entre cuatro paredes se hicieron visibles. Esto desató escándalos pero también generó un éxito televisivo indiscutible. Además, posibilitó que se hablara sin eufemismos de cuestiones como la esterilidad, la donación de órganos, el aborto, la infidelidad o la corrupción política.

Escena de Solá, Zorrilla y Pasik en el unitario Atreverse. Fuente: Clarín.

Dos de sus premiados cincuenta y nueve capítulos pusieron la lupa en temáticas que iban ganando terreno: la homosexualidad y la transexualidad. Uno de estos episodios estuvo protagonizado por Fernán Mirás y Graciela Dufau, quienes interpretaron a un joven que comenzaba a explorar su homosexualidad y a su madre, respectivamente. 

Durante otro episodio, Doria escenificó la llegada de una mujer trans a una casa cuya dueña pretendía alquilar una habitación. Fuera del estereotipo, Miguel Ángel Solá interpretó a la recién llegada, una ex vedette enigmática quien, en su tránsito como huésped, confesaba con desgarro: “A mí la naturaleza me jugó una mala pasada”.

A dos años de ese fenómeno televisivo, Zona de riesgo presentó una historia cuyo eje era la crisis de pareja de sus protagonistas —interpretados por Gerardo Romano y Rodolfo Ranni— . Esta miniserie incluyó el primer beso entre dos hombres en la TV argentina. Como era de esperar, siguió el mismo camino de su antecesora: alto rating y repercusión social entre quienes se atrevían a asomarse a nuevas narrativas.

Santiago Pedrero habla de Tadeo, su personaje em Vrrano del 98. Fuente: Telefe.

Más allá del desconocimiento y de las equivocaciones que la mirada actual puede encontrar en ambas ficciones y sus tratamientos, por primera vez se hablaba esos temas de manera explícita, seria y comprometida. Y eso ya era mucho para una sociedad que aún se resistía a aceptar a aquello que no encajara dentro de lo que consideraba normal o, al menos, tolerable.

Con el tiempo, aparecieron múltiples historias de personajes pertenecientes a la comunidad LGTBQ+ aunque de manera secundaria, complementaria o tangencial, nunca central, a menos que se tratara de un elenco coral. Verdad-consecuencia (1996-1998), ¿Son o se hacen? (1998), Rebelde way (2002-2003), 099 Central (2002), El tiempo no para (2006), Botineras (2009-2010), Masculino femenino (2003), Tumberos (2003), Los Roldán (2004-2005), son ejemplos de ello. 

Recién en 2013 el medio se animó a poner en el centro de la escena el amor entre los personajes interpretados por Julio Chávez y Benjamín Vicuña, ambos colegas de un estudio jurídico.  Farsantes, tira de Polka, supo mantener la tensión narrativa en el prime time de canal 13 a través de su trama principal. Pero para que eso sucediera tuvieron que transcurrir más de veinte años desde el estreno del ciclo de Doria. 

Justicia poética de la mano de Alice Oseman


La historia de Charlie y Nick como estudiantes de un colegio británico de varones y basada en el cómic de Alice Oseman podría ser una más entre tantas series de Netflix y otras plataformas que se dirigen a la audiencia adolescente como la exitosa Sex Education. Pero no lo es y desde el inicio lo deja claro. ¿Por qué? Hearstopper no solo aborda el vínculo entre dos jóvenes cisgéneros que exploran la homosexualidad sino que lo hace posicionándolos como los únicos personajes centrales de la trama.

  • Es la primera vez en nuestro país que un producto audiovisual dentro de una plataforma como Netflix le da semejante protagonismo a representantes del colectivo LGBTIQ+. Hasta hoy no lo habían tenido nunca antes. Al menos no con personajes de esa franja etaria y utilizando el tono narrativo de la serie . Esa es una de sus propuestas de quiebre: centralizar una realidad que, como ya sabemos, por mucho tiempo no halló espacio —o solo uno marginal— en la industria cultural.
  • Otra de sus rupturas tiene que ver con la distancia discursiva entre sus protagonistas y los estereotipos sociales que tanto dañan a las disidencias de género y sexuales. Esto no se limita solo a los protagonistas, sino también al resto. No hay gestos afectados en busca de carcajadas ni expresiones que habiliten o justifiquen el acoso escolar. No se trata de personajes planos ni unidimensionales. Son complejos y quizá por ello consiguen —éste es el mayor de sus logros— representar a las disidencias desde un lugar sensible, verosímil y original.
Trailer de la primera temporada de Heartstopper. Fuente: Netflix Latinoamérica.

Lejos de los prejuicios que aún perduran sobre el colectivo LGBTIQ+, Alice Oseman nos presenta a Charlie Spring, un joven de quince años común pero atormentado por el acoso de ciertos compañeros a causa de su orientación sexual y por la indecisión de su novio Ben Hope, quien accede a besarlo solo a escondidas, en la oscuridad de los pasillos de la escuela. 

Charlie se encuentra lejos de aportar el ingrediente gracioso a Heartstopper. Tampoco está posicionado en el lugar de vengador para darle así un equilibrio a la trama. Ante los conflictos que enfrenta, pase lo que pase, él jamás pierde su ternura, paciencia o indulgencia. No permite que su dolor lo transforme en alguien que no es. Y es eso lo que genera mayor empatía en el público.

Frente a la negativa del protagonista por revertir la situación, aparece Tao, un joven heterosexual con una masculinidad nada convencional —se muestra extravagante, emocional y sensible—, quien no pierde oportunidad en sacar la cara por su amigo.

Por suerte, el protagonista nunca está solo. Cuenta, además, con el apoyo del silencioso Isaac y de Elle, una adolescente transgénero que acaba de transicionar. Con el tiempo, se sumarán también al grupo Tara y Darcy, parejas entre sí y compañeras de Elle en su nuevo colegio de mujeres, quienes también pondrán su granito de arena para ayudar a los protagonistas.

Elenco de Heartstopper
Elenco de Heartstopper. Fuente: Rekizinha.

Charlie acepta su realidad pero no se rinde. Más bien va detrás de algunas respuestas que le permitan entender el verdadero porqué del hostigamiento de sus pares, aunque en principio se sienta responsable de ello. En ese proceso  —que define de algún modo su arco dramático—, aparecen aliadxs que lo guían hacia descubrimientos valiosos: un profesor, su hermana mayor, sus amigxs, pero ninguno tan determinante como su nuevo compañero de banco.

Nick Nelson, de pronto, irrumpe como un sueño posible en el imaginario de Charlie ¿Por qué? ¿Será quizás porque no es el típico adolescente popular de un colegio acomodado, ni aún siendo la estrella del equipo de rugby escolar? Nick, desde el inicio, nunca duda en ser amable con el castigado Charlie y en intentar incorporarlo a su grupo de amigos y al equipo en el que compite. Es posible sólo porque puede ver a su compañero tal cual es, más allá de las opiniones de sus pares. Y eso es algo que cambia la vida de ambos para siempre.

El paso de la primera temporada deja claro que, en ese acercamiento, hay más que compasión o simpatía: Nick también está explorando su sexualidad. Por eso, su comportamiento dubitativo es una constante en el proceso lógico y natural de descubrir su bisexualidad. 

Aunque hay idas y venidas en sus acciones que generan conflictos con Charlie y con su entorno, su arco dramático también le depara algunos descubrimientos que prometen enriquecer su vida y la de quienes lo rodean. Nick comete errores, es verdad, pero en la búsqueda por encontrarse. Necesita entender lo que quiere y cómo lo quiere. 

Heartstopper y el viaje del héroe de Charlie y Nick


Ninguno de los personajes es el mismo al finalizar cada temporada. Existe una evolución que evidencia su naturaleza. No son estereotipos con nombres intercambiables, como suelen presentar otros productos de la industria cultural. Los jóvenes de Heartstopper parecen de carne y hueso, al igual que cualquiera de nosotrxs. Cambian con el transcurrir de los episodios. Y descubren caminos inesperados.

Desde esa fortaleza narrativa, tanto Charlie como Nick construyen su propio viaje del héroe. Ambos salen de su mundo ordinario a partir de una llamada a la aventura. El primero, en busca de un vínculo más amoroso que el que ya tuvo. El segundo, tras certezas ante su exploración sexual. El detonante es el mismo para los dos: el primer encuentro que tienen en la escuela. 

En el camino encuentran aliadxs, enemigxs —entre los cuales se encuentran el ex novio de Charlie, y Harry, amigo de Nick—. También múltiples pruebas. Estas, por lo general, tienen que ver con asimilar los sentimientos que experimentan y con hacerlos públicos frente a un entorno que, por momentos, resulta demasiado hostil. 

Salen transformados, al igual que sus amigxs, porque el contexto no logra impedir su evolución. Ese es otro de los elementos rupturistas de Heartstopper: alejar a los protagonistas representantes del colectivo LGBTIQ+ de un destino trágico o lleno de dolor sin una recompensa. Esto va de la mano con no circunscribir el vínculo entre Charlie y Nick al aspecto sexual, como un modo de bajarle el valor a su amor.

Connor y Locke hablan sobre la escena en la que se conocen sus personajes. Fuente: Netflix Latinoamérica.

La potencia de su elenco coral radica en la elección de los actores y actrices. Muchxs de ellxs, al igual que los personajes que representan, forman parte en la vida real de disidencias de género o sexuales. El caso más destacado es el de Yasmin Finney, actriz que encarna a Elle Argent y que antes de ser parte de la serie, logró reconocimiento por utilizar la red social Tik Tok para compartir su experiencia como adolescente transgénero.

Una caracterización realista de los personajes y el tono tierno y fresco con que la autora narra esta historia es lo que le permitió, en la primera temporada, ingresar en el top 5 de Netflix. Y también conseguir 28,5 millones de horas reproducidas en la segunda. Pero también la necesidad del público de encontrar una narrativa que interpele a quienes se encuentran por fuera de los modelos normativos. Todxs, sin excepción, merecemos referentes en quienes vernos reflejadxs. Heartstopper no defrauda ni se queda a mitad de camino.

La guerra cultural por instalar prácticas, percepciones y valores que no sean los de la hegemonía todavía continúa. Es cierto. Pero algunas batallas ya se han ganado. Eso representa Heartstopper en realidad: el avance de un colectivo que ha sido invisibilizado en la TV y que merece justicia en términos de representación. Porque, si bien ha habido otros intentos, es esta serie la que corona —por el momento— un camino recorrido por todxs: Charlie y Nik son puestos en escena para mostrar que las historias de amor que no están normalizadas, son historias de amor de todos modos.

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Autores: Julieta Alegre y Nicolás Esquivel

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