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Quién fue Cris Miró, el enigma que su serie devela

Publicada el 20/07/202408/08/2024 por Julieta Alegre

Con el auge de las biopics en los últimos años, no resulta extraño que alguien intente rescatar del pasado el paso por el mundo artístico de Cris Miró. Lo hizo Martín Vatenberg, un joven director obsesionado con la vedette trans a partir de la lectura de Hembra — libro de Carlos Sanzol—, pero probablemente podría habérsele ocurrido a cualquiera: la artista, quizá por su paso fugaz, dejó muchas incógnitas por revelar. Al mismo tiempo, también se instituyó como un recuerdo ineludible de los años noventa. Evidentemente se trata de un personaje con mucha tela para cortar.

¿Quién es, en realidad —detrás del glamour y la pose de diva—, Cris? A esa pregunta parece responder la serie protagonizada por Mina Serrano, la cual se enfoca en los últimos cinco años de su vida. Es decir, toma como foco su ingreso al Teatro Maipo y su posterior camino artístico dentro del teatro comercial y la TV. Incluye además, algunos escándalos de dominio público que la tuvieron, muy a su pesar, como protagonista.

Cris Miró en su camarín. Fuente: Página 12.

Podría decirse, entonces, que Cris Miró (ella), como producto audiovisual, relata hechos de la carrera que fueron de público conocimiento por ser ella una persona famosa. Pero no. Por el contrario, si algo tiene de valorable la serie, es que también nos muestra a una Cris que nunca apareció en los medios. Una a la podíamos intuir o percibir en algunos momentos, es cierto. Pero a la que nunca la vimos en su totalidad en ninguna de sus apariciones televisivas.

¿Será esa cara desconocida que muestra lo que hizo de esta serie un fenómeno? ¿O quizá el tono con que el director decidió contar una historia dura, con un triste final? Quizás no haya que elegir. Tal vez son ambos los que le dan un toque diferente a esta trama tejida con elementos del orden de lo real pero también con destellos poéticos. Una mezcla que permite poner en escena la vida —algo atípica, es cierto— de una mujer trans en los años noventa.

La aparición de Cris en los años noventa


Si bien se dice que Cris Miró fue la primera vedette trans de Argentina, eso no es del todo cierto. Antes de ella, pisaron fuerte en el teatro otras figuras, como por ejemplo Vanessa Show, de gran carrera en Europa. Sin embargo, ninguna de ellas logró la estelaridad ni la presencia en televisión —medio de comunicación que lideraba por aquel entonces— que consiguió Miró. Es más, su irrupción fue tan determinante a nivel social que facilitó la entrada de otras mujeres trans que, con los años, lograron instalarse en los medios. Ejemplo de ello son Florencia de la V, Lizy Tagliani y Mariana Genesio Peña.

La parte negativa de la aparición de Cris —y que ella sufrió estoica— sólo es posible comprenderla enmarcándola política, cultural y socialmente. En primer lugar, hay que pensar que la televisión no generaba espacios de representacion de la comunidad trans. Tampoco narraciones que tuvieran que ver con las vicisitudes que sufría ésta en un país donde aún era impensada una ley de identidad de género: hubiera sido imposible contar una historia como la de Heartstopper, serie en la cual una de las protagonistas, Elle Argent, es una adolescente transgénero. El marco no lo hubiera permitido.

Pero donde sí podían visualizarse estas identidades era en los noticieros —en la sección de policiales— o en algún talk shows, género exitoso de la época. En esos espacios era común referirse a ellas con el artículo masculino y con la denominación de travestis, de modo despectivo y con poco —o nada— respeto. Además, y para peor, parecía natural linkear a la identidad trans con la prostitución y la marginalidad.

Entrevista realizada a Cris Miró en 1996. Fuente: Archivo DiFilm.

Lamentablemente, la discriminación no se limitaba al orden de lo simbólico. Algo esperable, por otra parte. Hasta 1998, salir al espacio público con vestimenta que no coincidiera con el género, era razón suficiente para ser detenidx por la Policía Federal Argentina. En otras palabras: a la comunidad trans se le había prohibido ser quiera era.

Todo esto aparece en la serie. Y si bien hoy nos resulta lógico saber que vivió situaciones de ese tipo, la imagen de Cris Miró, sonriente, respondiendo a cada pregunta o comentario cruel, nos impidió durante años, de algún modo, insertarla en esa realidad. Muy probablemente esa incolumidad desafiante que desplegaba frente a la indagación despiadada de Mirtha Legrand, o la burla enmascarada de Tinelli, nos hizo creer que nada podía afectarla. Pero evidentemente nos equivocamos.

¿Cómo no sentirse afectada si todos los chistes que hacían sobre ella referían a su genitalidad? ¿Cómo no enojarse si su identidad de género era todo el tiempo puesta en el centro para ser indagada como si se estuviera llevando adelante una autopsia? Es lo que desnuda este producto audiovisual: la violencia e impunidad con la que se manejaban los medios en detrimento de una minoría que tenía como expectativa de vida los treinta y cinco años. Número que, pese a los avances en materia de derechos, sigue siendo el mismo.

Mina Serrano interpretando a Cris Miró en la serie homónima. Fuente: El Planeta Urbano.

La reacción hostil hacia las identidades trans, aunque a veces fuera sutil, también era —y lo sigue siendo— una constante en el ámbito privado. Es cierto que el entorno familiar de la vedette no la expulsó del hogar como ocurre en muchos casos. Pero lo que sí reveló la biopic, y no sabíamos —quizá porque se pronunció públicamente en contra de los ataques de Raúl Portal, juicio mediante— , era que Cris tenía una relación conflictiva con su madre, quien en la ficción —¿también en la realidad?— le esconde su muñeca Mechuda. 

Descubrir que una figura escultural, siempre en aparente armonía, escondía dolores y enojos, vuelve a Miró más cercana. Más del montón. Porque, más allá de las luces y el carisma que desplegaba, la artista se parecía a tantas otras mujeres trans de la época. Lo que la diferenció del resto —con un contexto más favorecedor que otras, es cierto— es que se animó a soñar. Se atrevió, de la mano de Juanito Belmonte —su representante—, a mostrarse al mundo tal como era. A no esconderse ni avergonzarse de quien era. Y, sólo por eso, dejó una huella. Un marca que, con el paso del tiempo, se vuelvió más trascendental.

Cris Miró (ella), ¿realidad vs. ficción?


La biopic de la artista teje una trama con hechos reales, pero su director se toma ciertas licencias poéticas. Así, por ejemplo, nos cuenta que el gran amor de Cris —Federico en la ficción—, llega a su vida cuando realiza la prueba en el Teatro Maipo. Por el contrario, los testimonios del entorno aseguran que, en ese momento, ya eran pareja desde hacía tiempo. 

Son detalles que cumplen una función narrativa —después de todo, se trata de un producto audiovisual—, pero que no contradicen lo que ocurrió en el orden de lo real. Así, nos enteramos de que, pese a que daba siempre una respuesta negativa, Cris tuvo un amor que Belmonte la obligó a negar por cuestiones de marketing. Algo que influyó en su relación afectiva y que marcó el final, un par de años antes de la muerte de la vedette.

Un tema aparte son sus vínculos con otras mujeres trans, amigas y compañeras de camino. Aunque resulta raro —ya que parte de la estrategia de su representante era mostrarla inalcanzable—, verla en grupo, compartiendo con otrxs su vida nada idílica, la completa frente al público. Desarma, casi treinta años después, la táctica de Belmonte. Y con eso, muestra más cabalmente la importancia de su presencia en los medios de comunicación en una sociedad patriarcal de fines del siglo XX.

Trailer oficial de la serie. Fuente: TotalMedios.

En ese devenir de ocho capítulos de apenas veinticinco minutos cada uno —pensados como cápsulas enlazadas que dan sentido de fugacidad, lo que se equipara con la corta carrera de Cris—, la amistad que se destaca es la de Guillermo. Entre ellxs, hay una escena que se repite varias veces. Ante una duda o decisión a tomar, la artista le consulta: “¿vos qué decís?”. A lo que su amgx, siempre le responde lo mismo: “¿vos qué querés?”.

Algo que probablemente sea parte de la invención del creador de la serie y no refleje con fidelidad la realidad, parece tentarnos a creerlo casi literalmente. Y no estaríamos equivocándonos quizá. Porque ese pequeño diálogo que atraviesa la narrativa de principio a fin, define a Cris Miró como lo que fue: una mujer con dudas y miedos. Es lo que nos revela la serie. Sí. Pero, sin embargo, y pese a ellos, siempre eligió hacer lo que quería. Sin estructuras. Sin etiquetas. Se animó a ser ella. Se atrevió a ser Cris.

«Mi verdadero nombre es el que siento, y es Cris Miró».

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Esta obra está licenciada bajo CC BY-NC-SA 4.0

Autores: Julieta Alegre y Nicolás Esquivel

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